Vendrá el Señor, mi Dios, y
con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran luz.
Ecce Dóminus véniet, et omnes sancti eius cum eo;
et erit in die illa lux magna.
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has hecho de nosotros una nueva
criatura, míranos con amor y misericordia, y, por la venida del Redentor, borra
en nosotros toda huella de pecado.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Se promete a todos los pobres la salvación por medio del Mesías
Lectura del libro del profeta
Sofonías
3, 1-2.9-13
Esto dice el Señor:
"¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada, de la ciudad potente y opresora!
No ha escuchado la voz, ni ha aceptado
Pero hacia el fin daré otra vez a los pueblos labios puros, para que todos
invoquen el nombre del Señor y lo sirvan todos bajo el mismo yugo.
Desde más allá de los ríos de Etiopía, hasta las últimas regiones del norte,
los que me sirven me traerán ofrendas.
Aquel día no sentirás ya vergüenza de haberme sido infiel, porque entonces yo
quitaré de en medio de ti a los orgullosos y engreídos, y tú no volverás a
ensoberbecerte en mi monte santo.
Aquel día, dice el Señor, yo dejaré en medio de ti, pueblo mío, un puñado de
gente pobre y humilde. Este resto de Israel confiará en el nombre del Señor. No
cometerá maldades ni dirá mentiras; no se hallará en su boca una lengua
embustera. Permanecerán tranquilos y descansarán sin que nadie los
moleste".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 33
El Señor escucha el clamor
de los pobres.
Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.
Bendeciré al Señor a todas
horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor, que se
alegre su pueblo al escucharlo.
El Señor escucha el clamor de los pobres.
Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.
Confía en el Señor y saltarás
de gusto, jamas te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de
los pobres y los libra de todas sus angustias.
El Señor escucha el clamor de los pobres.
Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.
En contra del malvado está el
Señor, para borrar de la tierra su recuerdo. Escucha, en cambio, al hombre
justo y lo libra de todas sus congojas.
El Señor escucha el clamor de los pobres.
Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.
El Señor no está lejos de sus
fieles y levanta a las almas abatidas. Salva el Señor la vida de sus siervos;
no morirán quienes en él esperan.
El Señor escucha el clamor de los pobres.
Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.
Aleluya, aleluya.
Ven, Señor, no te tardes; ven a perdonar los delitos de tu pueblo.
Veni, Dómine, et noli tardáre; reláxa facínora plebis
tuæ
Aleluya.
Vino Juan y los pecadores sí le creyeron
† Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
21, 28-32
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos
sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
"Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y
le ordenó:
"Hijo, ve a trabajar hoy en la viña". El le contestó: "Ya voy,
señor", pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo.
Este le respondió:
"No quiero ir", pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la
voluntad del padre?"
Ellos le respondieron:
"El segundo".
Entonces Jesús les dijo:
"Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado
en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino
de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí
le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni
han creído en él".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Que te sean agradables, Señor, nuestras
humildes ofrendas y oraciones, y que tu misericordia supla la extrema pobreza
de nuestros méritos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Las dos venidas de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro
deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, señor Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.
El cual, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el
plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación ,
para que cuando venga de nuevo, en l a majestad de su gloria, relevando así la
plenitud de su obra , podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en
vigilante espera confiamos alcanzar.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
El Señor, justo juez, dará la
corona merecida a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.
Corónam iustítiæ reddet iustus iudex iis qui
díligunt advéntum eius.
Oremos:
Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna,
enséñanos Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del
cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.